• Llamas, J.M.

Lo bueno aún no ha empezado (o Poema de Pepe el Marino)

Actualizado: 27 dic 2021




(Locura típica de juglar, basada en la propia experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio en Pedreña, 21-30 de agosto de 2021, y en el encuentro de Jesús resucitado con María Magdalena – Jn 20, 11-18. Se puede rezar, o recitar, incluso teatralizándolo)

Había una vez un marino

con su andar de marinero,

con sandalias y un sombrero,

con su barca, y un destino.


Pero no es esta una historia

de viaje en yate vulgar

que no merezca lugar

ni recóndito en memoria.


Nuestro buen amigo, Pepe,

viento en popa, vista al frente,

sin temor,

navegaba muy erguido,

rumbo a un tesoro escondido

por amor.


Pepe se creía fuerte,

con su brújula y su mapa,

arrebujado en su capa

sin miedo al mar ni a la muerte.


En alguna isla desierta

tras furiosas tempestades,

podría hallar dones tales

que no cabrían en cubierta.




Pero hete aquí que, un buen día,

el Mar de la Niebla en pleno

lo engulló.

Azorado se decía:

«¿Cómo has llegado aquí dentro,

mal bribón?».


De este tal Mar de la Niebla

salir no es nada sencillo.

Su humo pálido y tibio

lame de pies a cabeza.


Y así nuestro navegante,

después de tremendo enfado,

decidió cruzar los brazos

y recoger el velamen.


Dejó de mirar el cielo,

la brújula en el bolsillo

se metió,

y fijándose en el suelo,

en la nada entretenido

se quedó.




Pero un grito, amaneciendo,

por levante, por babor,

le hizo alzarse, somnoliento,

y esto fue lo que observó.


Una mujer con ojeras

-de mucho llanto sufrido-,

«¡Ah del barco, buen amigo!»

le chillaba así, a la vera.


«¿Qué te pasa, marinero?

Tienes cara de aburrido.

Sal de ahí.

Te veo un poquito muerto.

Te noto así como frío.

Ven aquí».


«No veo patrás ni palante,

no veo pacá ni pallá»,

dijo Pepe, «Tú dirás:

¡Qué asco de navegante!


No sé ni por qué ni cómo

aquí en medio me he metido,

pero mira: estoy perdido,

y ya ni me como el coco».


(Ella) «A mí, del Mar de la Niebla,

El Vivo, un pirata fiero,

me sacó.

Y para que no me pierda,

en su goleta de fuego

me enroló».


(Pepe) «¿De fuego es vuestra goleta?

A ver si me voy a quemar».

(Ella) «Mira, Pepe, no. Qué va.

A ti te sobra tibieza.


Nuestra misión, buen amigo,

es entregar un tesoro.

Aunque no es de plata y oro,

eso también te lo digo.


Por cierto, ni me he presentado.

María La Magdalena.

Encantá.

Seis mares he navegado

para llegar a tu vera.

Y aquí estás.


Yo vengo de mar adentro,

desde mucho más allá.

El Vivo te quiere hallar,

si tú no dices: “No quiero”.


Y he llegado de su parte

a decirte que te espera,

con una cruz por bandera

mirando siempre adelante».


«No sé yo», le dijo Pepe,

«si esto que estoy empezando

a sentir

es ese fuego que crece

con el Vivo en vuestro barco.

Quiero ir.


Además: lo del tesoro

me ha tocado a mí la fibra.

¡Y ya veo menos neblina,

y me sobra capa y todo!».


«Cógete ahí, hermanito»,

susurró María, «Vamos.

Prepara bien esas manos,

que hay que remar un ratito.


Y lo bueno aún no ha empezado.

Go’El se llama el velero,

y con el pirata fiero

seguro que armamos el taco».




Así fue: rema que rema

llegó junto con María

al Go’El.

Y con todo el que se entrega,

vivió Vida con el Vivo,

y por Él.



N.B.: El Go'El proviene de una reflexión de Timo Guillén, en los Ejercicios Espirituales de mes de Pedreña, 2001, que dio lugar a una novela titulada "Anita". Es una palabra en arameo que significa "El que se entrega por los demás", y que aquí viene aplicada a la Iglesia en cuanto comunidad que se entrega por los demás, y en referencia a Jesucristo, que es el Go'El en sí.

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