Nando Zono

20/02/2016

(Aquí te puedes bajar el libro electrónico en formato .epub)

 

 

 

Hay un gachó por ahí

que es que te la da mortá…

No te vaya a cogé a ti,

que dicen que es mú pesao:

pero pesao, pesao, pesao.

 

Si me pongo pesao me lo dices. Chirigota del Selu, Carnaval Cádiz 2016.

 

 

 

La barra del bar estaba llena. Tazas de café, jarras de cerveza, platos con aceitunas, patatas fritas o avellanas, copas de vino, vasos de ginebra, güisqui o ron.

Nando y Juan charlaban animadamente.

 

– Que te he dicho que no, Juan. Que son cuentos chinos.

– Pero hombre, ¿cómo van a ser cuentos chinos? Que he escuchado que los polos están ya casi derretidos del todo… ¿Recuerdas las playas que teníamos hasta hace poco tiempo? ¿Dónde están ahora? Debajo de agua. ¿Y el calor que está haciendo este año? Todavía más que el año pasado, que había sido el más caluroso desde no sé cuándo…

– Que no. Lo que pasa es que no te acuerdas del último verano. Pero la diferencia no es tanta, hazme caso, Juan. ¡Tú disfruta y no pienses, hombre! Además, según el científico Grunfildo Sebastopóritz, ya sabes, ese tan famoso…

– Pues no me suena de nada, tío.

– Porque eres un inculto. Es un científico muy bueno. De los mejores. Y dice que lo del cambio climático es todo propaganda política. Que lo que está ocurriendo es normal. Que la Tierra pasa por distintas fases, y ahora toca algo más de bochorno. Ya está.

– Pues yo qué quieres que te diga. Cada vez veo menos pájaros, menos árboles y menos animales.

– ¿Y qué? Lo importante es que “se mantengan vivos en los ecosistemas protegidos”, no que los veamos: eso lo aprendí en un documental patrocinado precisamente por la empresa Petrolairo, esa de los anuncios de No Pudimos Salvar las Ballenas, Salvemos los Atunes. ¿Y cómo sabes tú que hay pocos árboles? ¿Los has contado? Para que lo sepas: el Imperio Romano taló casi todos los bosques de Europa, hace dos mil y pico años. ¿Y hubo calentamiento global por eso? Nada, nada. Que no, que no, que no.

– ¿Pero qué tonterías estás soltando del Imperio Romano?

– Me lo ha dicho un historiador importantísimo que conocí el otro día.

– Sí, claro. Importantísimo. Me parece que te estás equivocando, Nando. Y me estás cabreando. ¿Qué mierda de mundo vamos a dejarle a nuestros hijos?

– Eso lo dices tú, porque tienes hijos. Aprende de mí: libre como una gaviota. ¡Eso de tener hijos ya no está de moda, Juaaaan, tonto! ¿Para qué sirve un hijo, vamos a ver?

– Gaviotas. Hace años que no veo ninguna.

– ¡Que no te preocupes, Juaaaaaaan! Las gaviotas seguro que desaparecieron por estúpidas. En fin, yo me voy para mi pisito, a pegarme una siesta tranquilito en mi sillón y ver una peliculita, que tengo el día libre. Paga tú, anda, que yo hoy no me he traído suelto. ¡Hasta luego, compadre!

– Hasta luego. Madre mía, lo que hay que escuchar.

 

Nando se encaminó a la salida. Abrió la puerta, sacó la cabeza, la volvió a meter y cerró. Se dirigió de nuevo a la barra.

– Se me olvidaba. Qué cabeza la mía.

 

Cogió la mascarilla que había encima de su taburete, la colocó sobre nariz y boca, tensó el elástico por detrás de la cabeza y se marchó pegando un portazo, envuelto en el polvo de la tormenta, tosiendo.

 

 

(Basado en conversaciones reales) #JeSuisJuan

 

 

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