Perra postmoderna

18/04/2016

(Aquí te puedes bajar el libro electrónico en formato .epub)

 

 

 

 

 

Dedicado al Churri,

que murió como vivió:

¡como un animal! Libre.

 

Guadus, o sea.

Común de can con pedigrí.

 

– ¡Olakease!

– ¿Perdón? ¿Es a mí?

– ¿Tú ve arguien máh poraqui?

– No, la verdad es que no.

– Pontonce, quilla, é a ti. Hola, perra de ciudá.

– Ah, muy bien. Holas, o sea. Perro de campo.

– Qué fina ereh, mozuela. Zeguro que tah criao enfrent’un colehio de pago.

– Pues ahora que lo dices, mi amo me lleva a un colegio para perros donde he aprendido a bailar y a saltar acrobáticamente.

– ¡Noooooooove vieho! ¿En zerio? ¿Y no te da coza? ¿No te da vergüenza?

– ¿Perdón?

– Que ezo eh una pollada. Mú gorda. Güeno, perdona que t’hable azín, pero zi a mí mi amo me llevara a un zitio donde me enzeñaran a bailá, lo reventaba a mordihco der tirón. Menoh má que nunca ze l’ha ocurrío…

– Pues yo me lo paso muy súper bien.

– Zí, claro. Lo que tú diga, shosho. Ze nota que te lo pazah der caraho: zolamente verte ezo que llevah ar cuello, ya dan ganah de irz’a viví contigo. ¿Qué cohone’h ezo?

– Pues mira, perro ignorante, esto es un collar antipulgas con GPS y una cadena autorregulable que me permite pasear a un máximo de cinco metros de mi amo.

– ¡Viva la libertá! Nunca’n mi vía había vihto argo como ezo. Mira, vasilona: yo’htoy por aquí, por mi campo, y hago lo que me da la gana. Y perdona que te diga, pero tiéh máh mala cara que loh polloh der Pryca.

– ¿Cómo dices?

– Que tieneh cara d’amargá, ya zabe, como zi t’hubierah metío una botella de vinagre entre pesho y lomo. Enque eh normá: zi yo viviera agarrao a una caena autocarahota, o como ze diga la zoga eza que llevah, tor día, m’habría pegao ya un bocao ner gahnate pa terminá de zufrí. Te lo digo de verdá.

– No tienes ni idea, tonto perro de campo. Mi amo me lleva al psicólogo de perros, al gimnasio de perros y a una playa para perros, además de ofrecerme un menú hipocalórico. Y eso me ayuda a mantenerme en forma y en equilibrio mental.

– ¿Pero qué diceh, Mari? Tú htáh fofa, y amargaíta de la vida, te lo digo como lo ziento. Lo que tu amo ze gasta’n pamplinah, a mí me zale de gorra: corro, zarto, me peleo con la Luna cuando htá reonda, cazo ratah, liebreh y palomoh, me como lo que le zobra a la familia, que, por cierto, tengo por ahí cerca enterrao un huezo hamón que quita l’hipo, y me pazo el equilibrio eze tuyo por entre lah doh pata d’atrá. Y mírame: fuerte com’un roble y con menoh graza q’una enzalá mihta. Tó, por zupuehto, zin tu menú pocoforclórico.

– Perdona, pero se dice HIPOCALÓRICO. Y no me llamo Mari. Mi nombre es Elsa.

– ¡Arza! Vale, shosho.

– Elsa. Por cierto, hueles muy mal. Seguro que no te lavan como a mí. Y seguro que eres un perro puerco que hace popó en cualquier lugar. A mí mi amo me recoge las caquitas con una bolsita, y luego las deposita en el contenedor. Para que veas.

– ¿Pa que vea qué? ¡Ah, pa que vea lo ennortao q’ehtá tu amo! Vale, Arza. Te viá decí una cozita: cuando t’he vihto llegá, no zabía si erah una perra o un muñeco de pelushe, porque lo que htá claro es que no hueleh a perra. Ereh com’un dezayuno moelno, a baze de pan de réhimen con margarina lihera y mermelada zin azúca, café zin cafeína con leshe dehcremá y zacarina. Ademáh: pienza en er pobre de tu amo. Un tío hesho y deresho recohiendo mieeerda der zuelo con una borza. Mare mía. A tó ehto: yo no hago popó. Yo cago, q’eh la palabra curta porque viene del latín: “cacare”. Que enque zea un perro cateto, argo zé. Poh ezo: que cago al lao de loh árbole, y dehpuéh entierro er mohón, pa hacé’htiérco. Y no necezito que me laven: me lavo yo zolito, que zoy mayó pa ezah coza.

– ¡Perro sarnoso! ¡Perro sinvergüenza! ¡Perro… sin raza, perro sin pedigrí!

– Vaya, perdona, Arza. No zabía que también erah medio nazi: “perro sin raza”. Mú bonito. Poh mira: yo zeré un perro de lah afuerah, der campo, de lah periferiah, con máh cruceh que la entrada a Málaga, con una limpieza tela de perruna y una dieta de perroh, pero zi quiereh zé felí y dehá to lah tonteríah que m’acabah de contá, harte un favó: muerde la correa eza ahqueroza, deha de zé un’ahclava de lah shuminece de tu dihtadó humano, y vente conmigo: te prometo que vah a pazá una vida de perroh.

– ¡Yo… yo…!

– Piénzatelo. En fin, Arza, te deho, que tengo que perzeguí a un par de palomoh torcale poraqui. ¡Noh vemo!

 

 

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