A pie de calle

01/05/2016

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El hombre abrió los ojos. A su alrededor la gente corría, gritaba, saltaba.

 

Se incorporó. Una mujer pasó caminando hacia atrás, justo al lado de su cabeza, y casi lo pisotea. Estaba sentado en la calle, en mitad de un barullo que no podía adivinar de dónde venía, a dónde iba, o qué razón tenía. Intentó ponerse en pie, pero fue arrollado por un grupo de jóvenes que parecía huir. Tras varios intentos consiguió levantarse, magullado.

La calle era un hervidero. Pancartas, gritos, puños alzados, ira desbordada. Sin saber qué hacer, siguió el río de gente que corría hacia la plaza. De repente sintió un golpe en el hombro izquierdo. Se volvió.

La policía venía persiguiéndolos, tan de cerca que casi podía sentir su aliento. Le habían alcanzado con una bola de goma. Desesperado, trató de abrirse paso. Imposible. Todos querían huir de la descarga, pero el gentío amontonado hacía imposible avanzar. Las porras se alzaron frente a sus cabezas, y comenzó la lluvia de golpes.

El hombre se cubrió con las manos. No sabía cómo había llegado hasta allí. Recordaba haberse acostado la siesta hacía poco, en su confortable cama, sin más pensamientos que dormir tranquilamente. Quizás todo aquello no fuera sino un sueño. Una pesadilla, una locura, producto de la última llamada telefónica de la mañana.

– ¿Qué pasa? -preguntó a una joven que, a su lado, intentaba también cubrirse.

– Ese maldito Alfredo quiere que nos callemos mientras él y los suyos roban el dinero de todos. Pero no lo logrará. Resistiremos. ¡Somos el pueblo! ¡Coraje!

– ¿Qué Alfredo? -preguntó el hombre.

– ¿Cómo que qué Alfredo? ¡El presidente! Seguro que a estas horas está acostado en su confortable cama, sin más pensamientos que dormir tranquilamente. ¡Corrupto! Esto es una locura. ¡No le estábamos haciendo daño a nadie! ¿Para qué tanta policía, maldito hijo de puta? ¡Vamos, sígueme, por esta esquina!

 

El hombre, Alfredo, el presidente, se llevó las manos a la cabeza y tembló durante un momento. Luego se desmayó.

 

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