Duerme...

03/05/2016

(Aquí te puedes bajar el libro electrónico en formato .epub)

 

 

 

And I feel like I’m being eaten

By a thousand million shivering furry holes

And I know that in the morning

I will wake up in the shivering cold.

The Cure, Lullaby.

 

 

No sé si algunas vez te lo has preguntado, pero, por si no es así, te lo preguntaré yo: ¿quién soy?

 

No es fácil responder a esta cuestión, por supuesto. No siempre soy el mismo. De hecho, muchas veces soy yo, y otras soy nosotros… o quizás seamos yo. Aunque no me veas, siempre estoy cerca. Aparezco como un susurro siniestro mientras duermes, como presencia oscura que nunca está tras la esquina que dejaste atrás, como aquello innombrable que hay al otro lado de la puerta que nunca has abierto. Vago mezclado con el viento sibilante de las noches frías, río en oscuras carcajadas entre el relámpago y el trueno de la tormenta negra, jadeo tras los aullidos a la luna llena, afilo los colmillos que chorrean el veneno que nunca esperaste bajo tu almohada.

 

Me has temido muchas veces, a lo largo de tu infancia, o incluso ahora, que te jactas de haber superado todos tus terrores. Soy yo el que estoy detrás de la nuca cuando se erizan tus cabellos, cuando tiritas y sientes un frío intenso sin saber por qué. Soy yo el que aparto de ti toda esperanza cuando tu habitación se hace cada vez más grande y eres incapaz de soportar tanta soledad, aunque estés rodeado de gente. Es a mí a quien miras cuando no confías en aquella persona con la que quisiste compartir toda tu vida. Tomo posesión de tu alma, silenciosamente, como una insoportable pesa de plomo, cuando te invade el odio y decides, cegado y roto, enloquecido, que alguien acabó para ti. Me río mientras decides quebrar lo que hasta ayer era solo una caña cascada.

 

No salgas de aquí esta noche. No mires detrás de ti, porque no me podrás ver. Y, sin embargo, aunque parezca invisible, soy lo más real que tienes. Acuéstate si quieres, abrázate a tu ser querido o a la almohada. Da igual. Yo seguiré ahí, siempre ahí, en ese toque frío que te hace perder pie. Seré el gris cuando anhelas los colores, el eco de tus pisadas cuando erraste el camino, el grito de terror cuando buscabas consuelo. Si necesitas leer, seré tu libro en blanco. Si quieres recordar, sacaré de tu memoria el pozo más negro. Si buscas una sonrisa, pondré ante ti mi cadáver decrépito.

 

Nada ni nadie puede librarte de mí. Soy lo que no te esperas: la palabra que nunca debiste pronunciar, el gesto que te condenó a penar por pantanos desolados, el fuego fatuo que anuncia la tumba. Asomo en el espejo cuando, al mirarte, ves la derrota. Te acuso con voz ronca cuando quieres convencerte de que nada malo has hecho. Apaleo tu corazón cuando enloquece, desbocado. Soy en tu memoria aquella ocasión que no debiste dejar escapar.

 

¿Que quién soy? No, no te lo voy a decir. Lo sabes muy bien, aunque no quieras aceptarlo. Duerme. Duerme sereno, descansa tranquila. Si me dejas entrar, yo velaré tus sueños. Y nunca, nunca, jamás disfrutarás de ellos, a partir de ahora. Nunca más.

 

 

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