La lágrima del Maestro

06/05/2016

(Aquí te puedes bajar el libro electrónico en formato .epub)

 

 


 

Cuentan que, cuando Jesús era todavía niño, José, su padre, trabajaba todos los días en la carpintería. Era un hombre paciente, que no quedaba tranquilo hasta que no acababa bien la obra que estuviese haciendo.


 

A veces el niño se iba con el padre a la carpintería, y observaba. Le gustaba ver cómo medía José la madera, cómo la cortaba tranquilamente, cómo volvía a medir, unía las partes... Hasta que quedaba hecho el mueble.


 

Un día faltaba un clavo. Jesús le dijo: “Dará lo mismo, un clavo más que menos...”. Pero José, subiéndolo en sus rodillas, le habló así:


 

- Jesús, te voy a enseñar una cosa. ¿Ves que falta solo un clavo, el más pequeño? Pues ese es precisamente imprescindible, porque sin él se caerá la mesa. Todo, por pequeño que sea, es importante. Es como cuando tu madre no tiene levadura: no puede hacer pan. Y mira que la levadura es casi nada... Pero, muchas veces, lo más insignificante es lo necesario. Nunca desprecies nada, hijo, por pequeño que sea. Y mucho menos vayas a despreciar a nadie, pequeñín. Recuérdalo.


 

- No se preocupe usted, padre. Lo recordaré -respondió Jesús.


 

Años después, una tarde, en un monte, mientras Jesús decía que “felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, se acordó de José. Y una lágrima rodó por su mejilla, aunque muy pocos la vieron.

 

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