“Hasta el último hombre”. Mel Gibson - 2016

01/02/2017

 

 

Paradójica. Quizás sea la mejor palabra para definir esta película, como todas las de Mel Gibson. Un director tan exagerado como brillante, cuyas obras no tienen término medio. En esta ocasión nos presenta una historia de no violencia cuya primera parte, de un romanticismo dulzón, contrasta con la brutalidad de la sangrienta batalla que nos presenta en la segunda. Un esquema parecido al de algunas de sus cintas anteriores, como “Braveheart” o “Apocalypto”, en las que enamoramiento y derramamiento de sangre se entrelazan de manera tan genial como poco sutil.

 

Lo que cuenta. La película es la historia real de Desmond Doss, un joven soñador y enamoradizo que, debido a su formación cristiana y a sus problemas familiares, decide no volver a tomar un arma nunca más. Se presenta voluntario para el ejército después del ataque de Pearl Harbour y, tras sufrir vejaciones varias por parte de sus compañeros militares por su objeción de conciencia, acaba participando como médico militar en la batalla de Okinawa. Se convirtió en el primer objetor de conciencia en la historia estadounidense que recibió la Medalla de Honor del Congreso, por ser fiel a su juramento de no violencia y, al mismo tiempo, mostrar una valentía extraordinaria en el campo de batalla.

 

Los valores de esta película: el amor para siempre, la superación de los traumas infantiles, la violencia familiar, la no violencia cristiana, la fidelidad a la palabra dada, la respuesta no violenta a las vejaciones, la entrega de la vida, la redención de los demás con el ejemplo…

 

Una profunda película, muy clara y coherente en su tesis, no apta, sin embargo, para estómagos débiles. Las escenas de guerra que contiene son lo mejor de este siglo en cine bélico, pero tan explícitas en sangre, tripas derramadas y miembros amputados que no son recomendables para todos los públicos.

 

 

Please reload

Historias afines
Please reload