“Si Dios quiere”. Edoardo Maria Falcone, 2015.

08/03/2017

 

 

Una comedia muy “a la italiana”, con golpes divertidísimos, personajes tan estrafalarios como típicos, muy cercanos a la realidad, y un desarrollo que, sin dejar nunca las situaciones simpáticas y el tono de guiño irónico, va abriendo preguntas y e incorporando reflexiones certeras sobre la vida, Dios, el sentido de los días o la búsqueda de la felicidad. Hay algunas escenas realmente magníficas, como la reunión familiar ante el anuncio que quiere hacer el hijo, o el encuentro del sacerdote con la supuesta “familia pobre” del padre.

 

La historia: Tommaso es un cardiólogo de prestigio, un hombre ateo, liberal, con tintes cínicos y bastante mal humor. Está casado, y su mujer y sus dos hijos comparten, se supone, su visión de la vida. Su hijo, Andrea, un buen estudiante de medicina, anuncia de repente que quiere hacer una confesión a la familia en unos días. Tommaso está seguro de que va a declarar su homosexualidad, y, como padre progresista, prepara a su mujer, a su hija y al yerno, un tipo de pocas luces, para el momento. Sorpresa: Andrea les dice que quiere ser cura, y hace estallar una crisis familiar que llevará al padre a procurar vengarse del sacerdote que le ha “comido la cabeza” a su hijo.

 

Los valores de esta película: la familia, el diálogo, la crítica a las ideologías, la fe, la vocación, la crisis de los 40, el descubrimiento del Evangelio, la conversión, la búsqueda de la bondad en el corazón del “enemigo”, la crisis social del comienzo del siglo XXI, el sentido de la vida.

 

Una cinta genial, para echar un buen rato de risas y, al mismo tiempo, hacerse algunas preguntas necesarias. La interpretación de los dos principales protagonistas, el padre, Marco Giallini, y el párroco, Alessandro Gassman, es de un nivel altísimo, descacharrante por momentos.

 

 

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