La paz del hogar

10/04/2017


 

(Aquí te puedes bajar el libro electrónico en formato .epub)

 

 

 

Estoy sola. Completamente sola.
Lydia. 
Tim Burton, Bitelchús.

 

 

Cierro la puerta, con llave, para que nadie nos moleste: es mi último rinconcito, el que casi nadie, excepto ella y yo, conoce. Al fin la paz del hogar. Todo tranquilo. Muy tranquilo. Extrañamente tranquilo. Al fin

 

- ¿Amor? ¿Estás por aquí?

 

No, parece que no hay nadie. Quizás la haya llamado su marido. Tenemos que arreglar el tema: ya no tiene por qué seguir con ese perdedor. Aunque posiblemente ahora ya dé igual

 

- Quién sabe. Lo importante es que te adora, cada vez más. ¿Verdad?

 

Voy a darme una ducha. No. Lo primero es lo primero. Cena, y después ya veremos. ¡Qué raro! ¿Tampoco está Cuqui? Pero eso es imposible, la dejé dentro cuando salí. ¡Maldita perra! Aunque... ¿Y si se ha acostado ya? Vale, no lo había pensado. Tranquilízate, hombre. Estás muy nervioso…

 

- Muy nervioso. Como si eso fuera algo nuevo. Ni siquiera sabiendo que ya nadie puede ganarte, que ahora estás arriba, por fin: que has llegado hasta lo más alto y que esos a los que antes lamías el culo tienen que hincar la rodilla y tratarte de usted, oh sí, oh señor, dígame, disculpe…

 

Me río a carcajadas, no puedo parar. Seguro que nadie esperaba que el viejo me eligiera a mí. ¡Ni siquiera yo! Bueno, yo sí. Claro que sí. Para eso he estudiado hasta el último detalle cada día durante los últimos años, por supuesto. Ahora sabrán lo que es obedecer, sí, ahora lo sabrán. Hora de abrir ese ron que ha estado esperando tanto tiempo en el fondo del mueble de…

 

- En fin, a ver lo que dicen las noticias. Seguro que hablan de ti. Primera plana absoluta, parece que lo estoy viendo: “El triunfador indiscutible”. El primero. Primero. ¡Qué bien suena! Hace frío…

 

No me había dado cuenta hasta ahora. ¡Estoy helado! Y eso que ya está terminando la primavera… Y que el tiempo decía que la ola de calor apretaría… ¡Como para confiar en el estúpido hombre del tiempo! En fin, ahora él también tendrá que obedecerme a mí, claro, por supuestísimo. ¡Pero qué frío! Me tiemblan las manos… ¡Qué raro!

 

- ¡Cuqui, ven, bonita, que te rasque el lomo! ¡Cuqui!

 

Como si no existiera. Esta perra… Solamente menea el rabo cuando la ve a ella. ¡Qué cosas! A ver qué dice la tele. Ahí está, eso es… 

 

- “…tres días sin aparecer. Nadie sabe nada de él desde que se hizo público su nombramiento como nuevo jefe mundial de la empresa, justo antes de que saltara el escándalo y su mujer, Lilian, huyera, según parece, con Brian, su principal oponente en la carrera por el puesto al frente de la multinacional. La preocupación de las fuerzas de seguridad ha crecido en las últimas horas, ya que tanto ella como él se encuentran también en paradero desconocido. Aún no se ha podido registrar la totalidad de las múltiples viviendas del nuevo multimillonario, que, según todos los indicios económicos, tendrá que enfrentarse a los importantes cargos de...”.

 

¿Están hablando de Lilian? ¿De tu mujer? ¿Pero qué demonios…? ¡Si la has dejado esta mañana allí, en la cama de la mansión de Grafton Hall, todavía dormida, con esa silueta suya tan…! ¿Qué… qué está pasando? ¿Y por qué aparece el maldito número cinco bajo la noticia, si hoy es dos? ¡Jueves, dos! ¡Maldita sea! 

 

- Recuerda, Jack, recuerda. Te has levantado, has dado un beso en la cadera a Lilian, que no estaba para tonterías y te ha respondido refunfuñando. Luego has desayunado, has conducido hasta el centro, has entrado en la oficina, ha saltado la noticia de tu elección, y luego… Luego… Luego…

 

¿Qué son esas imágenes que se me van y se me vienen? No puedo acordarme. Piensa, piensa… Hubo algo que llegó justo en mitad de las felicitaciones, justo en el mejor momento, a punto de entrar los periodistas… Una carta... de Lilian…

 

- Esa carta. ¡Esa carta que hay encima de la mesa!

 

Ahora lo recuerdo, claro que sí. Palabra por palabra. “Querido Jack: no puedo aguantar más. Sé lo tuyo con Joanna. Ella me lo ha dicho. No sé por qué ni cómo has llegado hasta aquí, pero has convertido mi vida en un infierno. Me voy: Brian cuidará de mí. También lo has destrozado a él: su buen nombre, su futuro, su familia… No me busques. No te quiero volver a ver. Te has convertido en todo aquello que odiábamos, y ya no tienes perdón: disfruta con tu maldito poder y con tu puto dinero negro, porque es lo único que vas a tener”. No había acabado de leer esa jodida carta cuando llegó la acusación: blanqueo de capitales. ¡El día más importante de mi vida! Y después oscuridad… Solo oscuridad...  

 

Este frío… Este horrible frío… Ahora. Ahora recuerdo. ¡Recuerdo! ¡Todo! Joanna está aquí. ¡Está aquí, Dios mío, está aquí! En la cocina… ¿Qué me ha pasado? ¡El día más importante de mi vida! ¡Han sido ellos, me han hundido, se lo merecían! ¿Qué podía hacer? Los busqué, los traje, gritaban, confesaron… O no confesaron, no lo sé… Joanna no tenía por qué estar, pero… estaba justo ahí, medio desnuda, esperándome… ¡Muertos! Ya se escuchan las sirenas de la policía. Este es el último piso que queda por investigar. Ya están aquí. Tengo que huir... ¡Todos! ¡Todos muertos! ¡Detrás de esa puerta! 

 

- No. No todos están ahí, Jack. Aún no lo recuerdas, ¿verdad? Abre la puerta del baño. Eso es. Abre. Mira. Ahí, justo al otro lado del espejo, debería estar ahora mismo tu imagen reflejada, ¿verdad? Pero no hay nada, ¿lo ves? Baja los ojos, poco a poco. Fíjate en esa mano fría, sobre el pavimento, sosteniendo el revólver de oro. Mira lo que queda de ese cerebro triunfador, míralo, desparramado por las paredes desde hace tres días. Tus sesos, Jack. Mis sesos... 

 

 

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