"El otro lado de la esperanza". Aki Kaurismäki, 2017

16/05/2017

 

 

La presentación. Aquí tenemos una de esas pequeñas joyas sorprendentes del cine actual. Una comedia que, sin nunca dejar de serlo, toca la tragedia más sangrante, el cine social más amargo o la denuncia más clara, todo con un tono a la vez desolador y esperanzador, sin el más mínimo alarde de medios, pero con una hondura moral y una libertad poco usuales en estos días. Y una banda sonora genialmente directa.

 

Lo que cuenta. Khaled, un refugiado sirio, llega a Helsinki, Finlandia, escondido dentro de la carga de carbón de un barco minero. Allí su vida se cruzará con la de Wikhström, de 50 años, al que su mujer acaba de echar de casa, y que decide tomar las riendas de un ruinoso restaurante. Ambos son buscavidas. La solicitud de asilo de Khaled es rechazada, pero decide quedarse de todos modos porque su única razón para seguir con vida es encontrar a su hermana, perdida en una de las múltiples fronteras que han tenido que cruzar. Después de una pelea, ambos personajes deciden echarse una mano, en medio de una sociedad hiperburocratizada que camina a tientas con la sombra del racismo cada vez más cerca.

 

Los valores. Tiene muchos, muy certeros y tremendamente claros. El realismo social es el primero: describe el momento actual de una forma cruda, desde diversas posiciones y sin tomar partido por ninguna. La esperanza de fondo es también muy certera, aunque siempre está acompañada por una crisis social, antropológica e histórica que hace mella en todos los personajes. Se ve muy clara la descomposición de la modernidad, especialmente en las escenas que ocurren dentro del restaurante regentado por Wikhström. El diálogo cultural también tiene un lugar importante, así como la profunda crisis familiar de Europa, la falta de horizontes, la incapacidad de los gobiernos para acoger a los refugiados, el peligro del resurgir de racismos y fascismos variados…


 

En definitiva, estamos ante una gran película, muy propia para disfrutar de buen cine, o para abrir un diálogo posterior. Los dos actores principales hacen un trabajo espléndido, y los momentos más cómicos se entrelazan de forma magistral con los más trágicos.

 

 

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