“Luces de la ciudad”. Charles Chaplin, 1931

25/06/2017

 

 

 


Intro. Decir Charlie Chaplin es decir humanismo, cine social, sentido de la vida, crítica a la modernidad, melancolía, esperanza, risas, lágrimas de emoción, amor… Uno de los mejores directores de la historia del cine, sin duda. 


Y aquí tenemos una de sus mejores películas. Cine mudo, sí, pero cine que habla mucho más que la mayoría de las cintas sonoras. Lo que se nos presenta aquí es una mirada ácida a la sociedad del siglo XX, y una mirada misericordiosa a los desheredados de la ciudad moderna, envueltas ambas en una historia de amor como pocas se recuerdan en el séptimo arte.   

 

 

Lo que cuenta. Un pobre vagabundo aparece dormido en brazos de una estatua, que simboliza la prosperidad, y está a punto de ser inaugurada por la plana mayor de la política y la burguesía de la ciudad. Poco después, tras huir de este absurdo acto, el vagabundo se encuentra con una chica ciega que vende flores junto a un parque, y que lo confunde con un hombre rico. Se enamora de ella. Esa misma noche, mientras va a dormir al puerto, evita que un rico borracho se suicide, y este le promete amistad eterna… justo hasta que se le pasa la borrachera y, volviendo en sí, lo rechaza. 


El vagabundo pasará mil y una aventuras en estos dos contextos: acompañando al rico en sus borracheras y sufriendo sus desplantes después, y tratando de ayudar a la florista ciega, que no puede hacer frente a la hipoteca de su piso y se ve amenazada de expulsión. Tendrá que trabajar de barrendero, boxear, evitar un robo… pero lo hará con gusto, porque, por encima de sí mismo, quiere alcanzar un horizonte: pagar una operación a la chica ciega, para que pueda ver.

 

 

Los valores. Antes de nada hay que hacer una advertencia: esta película propone la bondad de ser bueno. Y eso hoy día no está de moda: hemos llegado a la terrible conclusión de que ser bueno es lo mismo que ser tonto, y, como no se puede ser tonto, es inútil tratar de ser bueno. Si eso es lo que piensas, es mejor que no veas Luces de la ciudad, porque en ella vas a encontrar una pareja protagonista que tiene como valores fundamentales la misericordia y la esperanza contra toda esperanza. 


A partir de aquí, se pueden desgranar algunos valores, aunque tiene tantos que es difícil hacer un resumen que siquiera se acerque a la profundidad del film:

 

  • La película comienza con una de las mejores críticas que se hayan visto al mundo de la política y las clases sociales altas. Ese discurso del alcalde, absurdo e incomprensible, ese vagabundo durmiendo en el regazo de la estatua de la prosperidad, el ridículo de la modernidad plasmado en la escultura o el himno… Todo el comienzo es una genial burla a la ciudad moderna, con una actualidad tremenda.

 

  • En segundo lugar, vemos dos esquemas contrapuestos. Por un lado, la misericordia de los pobres de espíritu: de los que, siendo desheredados de la tierra, tienen un corazón puro, y que están representados por el vagabundo y la florista. Por otra parte, se presenta la miseria de los ricos, es decir, de los esclavos del dinero: el borracho que quiere suicidarse es el hombre harto de todo, que solo reconoce a su “amigo” cuando está beodo, que escapa de su vida a base de fiestas y de comilonas. Su riqueza es pura amnesia sin sentido. 

 

  • La vida moderna se presenta como puro teatro, como una sucesión de personajes representando papeles sin ton ni son, y ante los que el vagabundo se encuentra como un pez fuera del agua.

 

  • Ante este teatro, la primera frase importante de la película, por parte del vagabundo, es tremenda: Mañana los pájaros cantarán de nuevo. Sé valiente. Enfréntate a la vida, le dice al rico que está a punto de suicidarse.

 

  • Otras críticas certeras y muy actuales son: la presentación de la indignidad del trabajo en la ciudad, la inhumanidad de las hipotecas, la visión social del pobre como un perdedor, o la vida en la ciudad como un ring de boxeo en el que se debe sobrevivir.

 

  • Por último, el valor más importante es el bien. Hacer el bien por encima de uno mismo, y asumir las consecuencias del mal, también por encima de uno mismo. Y el último diálogo de la película es uno de los mejores que yo haya visto nunca: - ¿Tú? - Sí. - ¿Puedes ver ahora? - Sí, ahora puedo ver. El profundo sentido de esta escena invita a cerrar los ojos, y creer en que hay bondad en el ser humano.

 

En definitiva, una de las mejores películas de la historia del cine, una cinta muda hecha en un tiempo en que se había puesto de moda el cine sonoro. 

 

Un film que hay que ver, disfrutar, sentir, escuchar, leer porque, en el fondo, en casi un siglo pocas cosas han cambiado de verdad. Y las periferias siguen siendo las mismas. A ellas nos invita Charles Chaplin a salir, no para “salvar” a los que están allí, sino para aprender de ellos. 

 

Las luces de la ciudad son los corazones de los pobres de espíritu que habitan en ellas.

 


 

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