“Boyhood”. Richard Linklater, 2014

05/11/2017

 


Intro. Hay veces en que se producen pequeños grandes milagros en el cine, cuando ya parecía que todo estaba inventado. Estas dos horas y pico son uno de esos milagros, hecho vida por el magnífico Richard Linklater, uno de esos magos del cine que, sin grandes medios, es capaz de emocionar tocando lo más profundo del alma.

No esperes nada fuera de lo común en esta película, aparte de la misma vida. Porque eso es lo que cuenta, de una forma absolutamente nueva: es una cinta dirigida en tiempo real, es decir: entre el comienzo y el final de su rodaje han pasado 12 años, exactamente el tiempo que transcurre dentro de ella. Y lo que narra no es nada del otro mundo: se ve la vida pasar, pero, en ella, se descubre su esencia, como si de uno de esos alambiques de antaño se tratara. Un reparto fabuloso, una cámara, una banda sonora formidable, Richard Linklater y ya está. Nada más, y nada menos.


Lo que cuenta. Lo que cuenta es muy simple: doce años (2002-2013) en la vida de Mason, justo desde los seis a los dieciocho, y su hermana Samantha, dos años mayor que él. Y, en este periodo, una radiografía inigualable de una generación que crece en medio de un cambio de época, sin un suelo firme sobre el que echar raíces: cambios continuos, mudanzas, controversias, relaciones que vienen y van, familias, bodas, colegios, amores, ilusiones, fracasos, violencia en la familia y el la escuela… El viaje de un niño de la “generación líquida” hacia la madurez. El paso del tiempo en una sociedad que busca razones para la esperanza.

Los valores. La estructura lineal de la película, dividida en distintos episodios de uno o varios días a lo largo de cada año narrado, hace que sea muy fácil seguirla, e incluso usar alguno de sus bloques concretos para hablar sobre determinadas situaciones o problemas sociales, la mayoría de las veces desde el punto de vista del niño o adolescente, de tal forma que la cinta nos hace colocarnos en la perspectiva de los que están sufriendo de una forma más clara este cambio tremendo de época que vivimos. Desde aquí, algunos puntos en los que nos podemos fijar especialmente.

 

  • Lo primero que vemos, justo después de un inicio en el que compartimos la mirada de un niño de 6 años al cielo, son sus problemas en el colegio, consecuencia de la inestable estructura familiar de su hogar, que está sufriendo la herida de una reciente separación que no se cerrará prácticamente en toda la película.

 

  • Es importante tener en cuenta algo que nos acompañará durante todo el trayecto: no debemos buscar culpables de estas situaciones. La madre de Mason, por ejemplo, trata de salir adelante, pero se da de bruces una y otra vez contra la desestructuración de su propio día a día y la inmadurez adolescente de la sociedad que la rodea. Nunca ceja en su empeño, pero cada paso conduce a ella misma y a sus hijos a un callejón del que, tarde o temprano, tienen que salir, y esto le produce sucesivas heridas que van creando en ella la sensación de derrota como madre y como mujer, sensación de la que, al final, solo sus propios hijos la pueden hacer salir.

 

  • Hay multitud de escenas con una carga simbólica majestuosa: la mirada del niño o del adolescente a lo que pasa a su alrededor, a los problemas de los adultos, al pájaro muerto, al cielo, a las miradas de desconocidos… O bien el simple hecho de pintar de blanco las marcas de crecimiento anuales del quicio de la puerta justo antes de cambiar de casa y decir adiós a todo lo que se abandona, incluidos los amigos, una muestra de la tendencia de nuestra sociedad a olvidar el pasado y vivir en un presente continuo, reflexión que se hará clara justo al final.

 

  • El padre es otro de los personajes curiosamente realistas: un eterno adolescente aventurero que ni quiere ni puede sentar la cabeza, echar raíces o portarse realmente como un padre. Quiere ser un amigo, pero no puede nunca llegar a ser amigo de sus hijos. Sus consejos, sus regalos, sus días “de feria” compartidos son una muestra del cambio de época actual, de esta sociedad sin padres que refleja una “sociedad sin padre”, algo que no es propiamente una realidad mala en el film, pero que supone una serie de problemas que crean una psicología y una sociología que aún no somos capaces de ver con claridad o de juzgar con sabiduría. Por eso, la película deja fuera los juicios, lo cual es todo un acierto. El ejemplo del padre es genial: el eterno adolescente ideólogo sin personalidad se convierte en un calzonazos de tomo y lomo insertado en una familia cristiana tradicionalista (la escena del 15º cumpleaños de Mason y el regalo de la Biblia y la escopeta es muy surrealista), lo que da una idea también de la mentira en la que se convierten las ideologías con el pasar del tiempo.

 

  • Conviene también ser conscientes de la presentación que hace la cinta de diferentes tipos de familia actuales, para comprender que lo que los niños y jóvenes de hoy entienden por “familia”es algo nuevo en cierta medida, y que debemos aprender a escuchar antes de hablar o, mucho más, de juzgar.

 

  • Hay determinadas referencias de apoyo que explican el momento histórico que se vive con especial significado: las canciones que van sonando de fondo o las que se tocan en directo, Harry Potter, Star Wars, los videojuegos, los ambientes de las casas y los bares que se van sucediendo o los diferentes “looks” de los dos hermanos. Atención a todo esto.

 

  • Hay determinados problemas que se tratan con un realismo crudo, como el alcoholismo o la violencia dentro de la familia, y que, como siempre, se ven desde el punto de vista del niño o el adolescente que los sufre. Además, se nos ofrece una radiografía bastante realista del proceso por el que una persona pasa de ser un “compañero de viaje soñado” a convertirse en un monstruoso ogro borracho y violento, y del sufrimiento que eso supone para la otra parte, en este caso la madre, y los hijos.

 

  • El crecimiento de los niños en todas sus facetas es otro de los grandes puntos fuertes. Cómo se va perdiendo la inocencia de la infancia y, al mismo tiempo, se van formando los sueños de la juventud, asimilando los traumas, descubriendo la sexualidad (es muy divertida la conversación entre el padre y sus hijos sobre el sexo y los anticonceptivos) y la amistad, enriqueciendo el ser social, construyendo la personalidad desde lo vivido, madurando de una forma diferente a la de las generaciones anteriores, que aporta muchos valores. Se refleja muy bien la situación actual, este momento paradójico en el que a veces los niños y los adolescentes se convierten en la parte más madura de la familia, ante la incapacidad de maduración o de adaptación de los padres: quiero a mi madre, pero me parece que está tan confundida como yo, dice Mason a Sheena, con 17 años. Quizás este sea un resumen del momento histórico que nos toca vivir.

 

  • Por último, también en la película hay espacio para el misterio, para esas extrañezas que la vida nos ofrece, inexplicables, en las que alguien da un consejo en mitad de una crisis enorme y, tiempo después, le llega el agradecimiento por aquel consejo dado, del que ya no se acuerda, pero que cambió el futuro de un desconocido. En definitiva, el bien que se hace permanece en el misterio, pero tiene sentido.


En fin: una película formidable, que habría que obligarnos a ver a los que estamos en la generación anterior a la juventud actual y, muchas veces, pensamos que los jóvenes de hoy no valen tanto como nosotros. Es verdad: ha pasado en todas las generaciones, desde que el mundo es mundo. También nos pasó a nosotros cuando éramos jóvenes. Es una mentira que, a fuerza de repetirla, se convierte en verdad, pero sigue siendo mentira. Tenemos, sin duda, mucho que aprender de los jóvenes actuales.

Interpretaciones espectaculares, sencillez en la propuesta, profundidad en la realización, y una banda sonora maravillosa que empieza con el Yellow de Coldplay y termina con Arcade Fire. ¿Qué más se puede pedir?

 

 

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