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«Easter lily», de U2: plegarias de infinitud, fraternidad y esperanza

  • Foto del escritor: Llamas, J.M.
    Llamas, J.M.
  • hace 11 horas
  • 7 Min. de lectura



Viernes Santo. Me levanto para preparar este día, tan recio como emocionante, y, al mirar YouTube, veo el anuncio de una canción nueva: Easter parade, de U2. «¿En serio?», me pregunto. «¿Esto qué es, otro EP como el de inicios de Cuaresma?». Le doy al Play, y llega a mis oídos y a mis ojos, porque es un Lyric video, una oración de ritmo profundo, un himno de acción de gracias que termina con un claro «Kyrie Eleison».

Me fijo bien en la información, y, efectivamente, es un EP titulado Easter Lily, «Lirio de Pascua». Voy escuchando cada canción, y llego a la no difícil conclusión de que es el contrapunto de aquel Days of ash. Seis temas para celebrar el Misterio Pascual por todo lo alto. En estas letras ya no hay demasiado que interpretar: Dios aparece en cada esquina, aunque, como digo siempre, no es un «disco católico», gracias al cielo, porque a mí eso de la «música oficialmente creyente» me gusta entre poco y nada. Que me perdone tanto buen artista católico «oficial» que hace música con «sello religioso», pero seguramente nunca escucharé un disco suyo entero —no hablemos de pastiches plastificados y bienpagados como Hakuna, con letras y ritmos que me provocan entre vergüenza ajena y risa floja—, porque, en fin, hay tanto pop-rock bueno esperando a mis oídos, con más o menos hilos de trascendencia, que no tengo tiempo para todo, y en la elección entre aquellos y U2, The Cure, La M.O.D.A., Shinova…, no albergo certezas, pero tampoco dudas.


El título del EP hace referencia a un cuadro, Procession with lilies, del pintor irlandés Louis le Brocquy, amigo de Francis Bacon, y admirado por el grupo. El cuadro representa una escena religiosa de la Irlanda rural, una procesión de niñas de Primera Comunión con lirios blancos, y refleja también, según Adam Clayton —el bajista de U2—, el sentido de la comunidad sobre el individualismo, y la idea de la experiencia humana compartida. Esa es la clave de la elección del título del álbum: ante esta época incierta, podemos reaccionar celebrando en comunidad la libertad, en un movimiento de resurrección que nos ayude a sobreponernos al trauma colectivo del caos que vivimos.


En fin, aquí dejo algunas pinceladas pascuales de cada una de las canciones. Después de muchas escuchas, me ha parecido todavía mejor que el EP cuaresmal, aunque aquel me encantó —y creo que hay que oírlos juntos, porque son una unidad—. ¿Se viene discazo a final de año? Ya veremos.

1. Song for Hal

El primer tema sorprende porque quien canta no es Bono, sino el guitarrista, The Edge. El grupo lo ha tenido claro desde el principio: los ritmos de estas seis canciones son hímnicos. Esta en particular me ha recordado al Achtung Baby!, con unos riffs eléctricos que te envuelven y te hacen flotar en la búsqueda de la paz y la fraternidad que nos propone la letra. La canción está dedicada a uno de los productores y amigos de la banda, Hal Willner, que murió en los inicios de la pandemia —‍¿alguien se acuerda de que vivimos una pandemia hace solo 6 años?—. El hilo que la recorre es la soledad de la muerte, que sufrimos especialmente en aquellos momentos, y, al mismo tiempo, la conexión humana, que hace que nunca estemos solos, y que se revela en la música, que, de algún modo, nos habla de la vida más allá de la muerte: «Tú estarás ahí, dondequiera que se haga música. ¿Sabías que él está cerca de Dios, que hace reír a sus viejos amigos?». Me parece impresionante.

2. In a life

En la segunda canción viajamos a los primeros momentos de U2, a su etapa post-punk. A mí me recuerda mucho a October, o a War. Otro himno para corearlo en los estadios, que nos habla de la conexión que existe entre todos, en la única vida que vivimos —no puedo evitar acordarme de aquel «Todo está conectado» del papa Francisco—. En medio de estos tiempos nihilistas, la banda nos propone encontrarnos en todo aquello que vemos, oímos, sentimos, experimentamos, y, siguiendo este hilo, hallar a Dios, que nos señala esta fraternidad con todo el universo. Fe y amistad son las dos palabras que sostienen este segundo tema, según The Edge.

3. Scars

Quizás la clave de este tema es lo que Bono, el vocalista, le dice al franciscano Richard Rohr —en cuya obra está basada la canción The tears of things, de Songs of ash en una entrevista: «Necesitamos un renacimiento, y creo que este es Jesús, su mensaje radical de que todos somos iguales. Todos somos iguales a los ojos de Dios». En este tercer temazo seguimos con ese sonido duro de los 80, pero envolvente y dulce al mismo tiempo. La canción va sobre la aceptación de las propias cicatrices, desde las heridas de Cristo, que nos curaron (cf. 1 Pe 2,24). De hecho, creo que es el mismo Jesús quien nos canta, y nos dice que no escondamos nuestras cicatrices, porque nos dan belleza humana, si las vemos desde dentro de la cruz que nos ha redimido. Un mensaje impresionante, en medio de esta sociedad que ha sembrado la raíz del narcisismo en todo, y también de las absurdas y demoníacas uniones entre Iglesia y Estado, teniendo en cuenta que fue esto precisamente —la unión entre el poder y la religión— lo que provocó las heridas de Cristo —en palabras de The Edge—. Las referencias a Jesús crucificado se multiplican a lo largo del tema: el costado, el vinagre, el corazón abierto, no romper lo que ya está roto, las manos agujereadas, las espinas… «Soy el último de tus amores, el perdedor, el menor. Soy el nombre en la nota de cargo que exige tu liberación (cf. Col 2,14). Soy el silencio cuando te acongojas, te haré compañía aunque no creas que soy yo».

4. Resurrection song

Esta canción, que forma, creo yo, un todo con la siguiente, ocupa el corazón de las seis plegarias, y nos plantea una especie de viaje por la carretera de la vida, con una clave basada, nuevamente, en el franciscano Richard Rohr: el único patrón universal es «Muerte–Resurrección», y esa es la clave también del Misterio Pascual. Por tanto, es un recorrido por el Misterio de la vida, tomando como vértice la resurrección de Cristo, pero abriéndose al universo entero. De hecho, la imagen que acompaña esta canción —en el libreto–revista U2 Propaganda, vol 3 issue 2, que nos explica el sentido cada una de ellas, junto a varias entrevistas y artículos, y que podemos encontrar online— es el altar mayor de la capilla de San Pedro, en el pueblo francés de VilleFranche-Sur-Mer, que fue realizado por el poeta, director de cine, pintor y, en fin, pensador Jean Cocteau, con la cruz como centro y la resurrección como hilo conductor. El ritmo de la batería de Larry Mullen Jr., y la guitarra de The Edge, cabalgan con ritmo alegre y furioso para hacernos mirar arriba y caminar, mientras se multiplican las referencias a amaneceres nuevos, la muerte de la Muerte, el Amor —¿el Espíritu Santo?— que tenemos que respirar, la espera esperanzada que desemboca en la resurrección, la inspiración, las señales de Infinito que se esconden en la realidad…

5. Easter parade

El bajo eléctrico de Adam Clayton es el protagonista del penúltimo tema, que es, sin duda, un himno para ser cantado no solo en estadios, sino también en cualquier iglesia. Una canción de devoción que nos habla claramente del nuevo día en el que el miedo queda derrotado, es decir, de la Pascua, como su propio título, Desfile de Pascua, nos recuerda. El respeto al Misterio es otra clave: «Tú hablas a esa parte de mí que no puede hablar; no puedo verte, pero sé que estás ahí; siempre adoraré lo que no puedo retener». El final, por si quedaba alguna duda de la trascendencia de fondo, es un Kyrie Eleison que pone los vellos a cuartas.

6. Coexist (I will bless The Lord at all times?)

El título de esta canción me recuerda aquellos conciertos de la banda de inicios de este siglo, en los que la palabra aparecía en la enorme pantalla que hacía de telón del escenario, con la luna creciente musulmana como C, la estrella judía como X y la cruz cristiana como T. Aquel logo, inventado por un diseñador polaco, es la clave de este último tema, una oración con arreglos del genial Brian Eno, colaborador de U2 desde hace muchos años, un medio tiempo con teclados como fondo brumoso, y con una letra que navega entre la desesperación de los padres que ven cómo sus hijos sufren y mueren en la guerra, y la bondad de tantas personas en lo concreto de la vida. «¿Bendeciré al Señor en todo momento?», se pregunta alguien mientras ve drones flotando entre crímenes de guerra… «Bendeciré al Señor en todo momento», se afirma una y otra vez, mientras se reza y se espera cada noche para ver amanecer un nuevo día, sorprendiéndose por ello, siendo conscientes de que cualquier niño es todos los niños a los ojos de una madre… Porque, igual que vemos lo desalentador del avance global del fascismo, como recuerda Brian Eno, también podemos ser testigos y enfocarnos en lo positivo que surge a nuestro alrededor, unirnos, y dar gracias por ello. El último verso es sorprendente: «Sálvanos, sálvanos», una plegaria de la Joven de Guadalupe.


Total: si aquellas canciones de Miércoles de Ceniza me sorprendieron como hacía tiempo que no me pasaba, estos seis himnos pascuales me han dejado un sabor de boca esperanzador, agradecido, emocionante y emocionado, y solo puedo unirme a esta alabanza moviendo la vida hacia esos lugares que señalan estos locos rockeros, y que compartimos quienes miramos a Jesús y, en fin, solo queremos conocerlo cada día un poco mejor, para más amarlo y seguirlo.


N.B. La información está sacada de: Gavin Friday y Shaughn McGrath, U2 Easter Lily EP, U2 Propaganda, 3.2 (World Service Magazine, 2026), https://easterlily.u2.com/.




Málaga, España

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