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«Days of ash», de U2: plegarias de conversión social y esperanza

  • Foto del escritor: Llamas, J.M.
    Llamas, J.M.
  • hace 1 día
  • 7 Min. de lectura


Miércoles de Ceniza. Tras el último «Feliz inicio de Cuaresma. Podéis ir en paz», subo a casa, preparo la cena, miro YouTube y me sale un vídeo nuevo: The tears of things, de U2. «¿Cómo?», me pregunto, extrañado. «¿No iban a sacar disco a final de año? ¿Ya está el primer adelanto? Noveatú si se han dado bulla». Le doy al Play, y me quedo con la boca muy abierta mientras una impresionante balada, digna del The Joshua tree, o del How to dismantle an atomic bomb, suena, y su letra va apareciendo y llenando de cuestiones mi cerebro. Investigo un poco, y ¡sorpresa! Es un EP con seis canciones nuevas, sin previo aviso. El título es como un puñetazo en pleno rostro: «Días de Ceniza». Es mucha casualidad que lo hayan sacado precisamente hoy… Sigo investigando, y, efectivamente, mis sospechas son fundadas: estaba programado que saliera el día de la inauguración de la Cuaresma. Sorprendente.


Mi asombro va en aumento cuando veo, uno a uno, los vídeos musicales —Lyric videos— de los cinco temas cantados y el poema intermedio. Allí aparecen nombres. Algunos, como Renée Good, asesinada por la policía del pensamiento del régimen estadounidense el 7 de enero de 2026, o Taras Topolia, líder de la banda de rock ucraniana Antytila, médico militar tras la invasión de su país por el régimen ruso, los conozco, pero los demás no.

Busco en la Wikipedia, porque hace unos meses decidí que eso de la IA no es para un friki como yo: Richard Rohr, un teólogo franciscano americano; Sarina Esmailzaden, asesinada el 23 de septiembre de 2022 por el régimen iraní; Yehuda Amichai, poeta israelí pacifista de la época de Isaac Rabin, citado por el papa León XIV en su mensaje Urbi et Orbi en 2025; Hawdah Hathaleen, activista palestino no violento, cámara del documental ganador del Óscar No other land, asesinado el 28 de julio de 2025, en su casa, por un violento colono israelita; Adeola, cantante nigeriana, miembro de las «Amazonas de África», que crea música para luchar por los derechos de las mujeres africanas… Cada una de las seis canciones está dedicada a una persona que ha sido masacrada por gritar «Libertad», o ha puesto su vida en peligro. Los creadores de War siguen mirando el mundo con los mismos ojos, pero con mucha más experiencia.


No he podido dejar de escuchar los seis temas, que empiezan con la frase «Tienes el derecho de permanecer en silencio, o no…», y terminan con la palabra ucraniana «Volia», que significa «libertad, fuerza de voluntad». Estoy enganchado, lo reconozco. Tampoco es una novedad: U2 fue el primer grupo de rock internacional que me enamoró cuando era un chavea y escuché Where the streets have no name, y la verdad es que nunca he sido demasiado objetivo con ellos. En cada repaso a las seis tonadas descubro algo nuevo que me asombra.

En fin: que no me ha quedado más remedio que dejar aquí unas breves impresiones de cada canción. Porque, además de unos ritmos que suenan a lo mejor de la dilatada historia del grupo, esconden perlas trascendentes que merece la pena resaltar muy en rojo, y frases que estoy dispuesto a gritar en esta locura de tiempo que nos está tocando vivir. Es, sin duda, más cercano al Evangelio que muchas de mis homilías, para qué nos vamos a engañar. Debo seguir aprendiendo de estos y otros tantos maestros que no dejan de esparcir semillas de Infinito en sus melodías. ¡Con lo fácil que sería que me gustara, yo qué sé, el reguetón del malo, o el pop de sello «ultracatólico» y puertas soleadas o palacios de visiones chupis!


  • 1. American obituary. El EP comienza con furia eléctrica, recordándome claramente algunos compases del Achtung baby!, en un vehemente lamento por la caída de esa idea que tantas veces nos ha dibujado nuestra banda irlandesa, sobre una América que lucha por los derechos humanos y la libertad. La protagonista del obituario es la estadounidense Renée Good, madre de tres hijos, tiroteada por asesinos del ICE, cuyas últimas palabras, «No estoy enfadada contigo», se las recita Bono al Señor, preguntándole con voz rasgada si le da igual ese corazón que ha dejado de latir, o si no puede parar esas balas en el aire. El canto, sin embargo, no es desesperanzado. Frases como «América se levantará contra la gente de la mentira», «Te amo / te amamos más que el odio ama a la guerra», o «El poder del pueblo es mucho más fuerte que la gente que está en el poder», son lemas que se repiten entre las estrofas, en las que Bono nos narra el espeluznante asesinato de Renée, y recuerda lo que hemos visto en vídeos: que sacerdotes en las iglesias, profesores en las escuelas, y niños en las manifestaciones ponen cara al pueblo que señala las falsedades del régimen pseudofascista de Donald Trump, que trata de amordazar la libertad, como se refleja en el vídeo musical con el icono de la Estatua de la Libertad.

  • 2. The tears of things. Se me han saltado las lágrimas con esta balada, basada en el libro homónimo del teólogo franciscano Richard Rohr, y con un ritmo y unos cambios que me recuerdan a los mejores discos de la banda, en particular al The Joshua tree. Quien nos canta sus lágrimas en esta ocasión es la estatua de David, de Michelangelo Buonarroti. Nos va narrando su proceso de creación, y su experiencia frente al desastre en que ha derivado la Modernidad, con varias claves fundamentales: el sentido de la sinfonía de la existencia, en un profundo diálogo con Dios; la visita de Mussolini, con la sombra del fascismo y el silencio cómplice de la cristiandad ante el genocidio; y las raíces del conflicto de Gaza, con verdades como puños: «soy David, no Goliat; nací en Belén, y no hay un nosotros sin ellos», «en esta guerra santa no hay nada santo para mí», «si metes a un hombre en una celda y lo oprimes lo suficiente, ese hombre se convierte en una rabia que no puede ser contenida», y terminando con un guiño a la frase que Dios le dice a Moisés en el Sinaí: «todo el mundo es mi pueblo: libera a mi pueblo».

  • 3. Song of the future. En este caso la protagonista es Sarina Esmailzaden, una joven iraní de 16 años que, junto con miles de personas, salió a la calle a protestar por la muerte de Mahsa Amini. Fue detenida, y murió por los golpes de las fuerzas de seguridad del régimen de Irán, aunque después el gobierno dijo que se había suicidado. Esta canción tiene sabor a los primeros discos de U2, sobre todo a October y a War. Sarina es la canción del futuro, y ella ha conseguido, con su lucha por la libertad y su signo portado en alto por la igualdad y por cada víctima, gritando que «el Amor es un verbo, no es un nombre», que la gente se una y sea consciente de que no está sola. En sus ojos vemos la libertad y un futuro en el que queremos pasar el resto de nuestras vidas.

  • 4. Wildpeace. Este poema, que me recuerda, en el fondo musical, a aquel genial disco titulado Passengers. Original soundtracks 1, es del autor israelí Yehuda Amichai, y quien nos lo recita es la ya citada cantante nigeriana Adeola. Es impresionante, porque, partiendo del reconocimiento de la educación violenta recibida desde niño, se abre a la búsqueda de una paz sanadora, que vaya más allá de lo que pregonan lo poderosos que, en el fondo y en las sombras, organizan los conflictos. Resulta apasionante comprobar que una parte de este mismo poema fue leída por el papa León XIV en su discurso Urbi et orbi de la Navidad de 2025, hablando de la paz: «No la de un alto el fuego ni la de la visión del lobo junto al cordero, sino la del corazón cuando se acaba la agitación y hablamos de un gran cansancio. Que sea como flores silvestres, de repente, por necesidad del campo: una paz silvestre». Todo está conectado, como nos recordaba Francisco, desde luego.

  • 5. One life at a time. Aquí entramos en uno de esos «medios tiempos» casi mágicos, que se repiten en casi todos sus discos, con coros nebulosos y una batería que suena a latidos de corazón. Desde la experiencia de Awdah Hathaleen, palestino asesinado, después de que el documental No other land, del que él mismo había sido cámara, ganara el Oscar, se nos invita a mirar más allá de nosotros mismos, para que nos demos cuenta de que «lo que ves depende de dónde estás, lo que conoces es más de lo que te han contado, lo que tienes depende de lo que abrazas, lo que esperas depende de lo que sueñas, lo que olvidas podría hacerte libre…», y señalarnos lo que proclama la vida de Awdah: procuremos entregarnos a los demás, a cada persona, porque quien salva una vida, salva el mundo entero —una frase del Talmud que se hizo famosa gracias a la película La lista de Schindler—.

  • 6. Yours eternally. La última canción, y la más esperanzadora, sin duda, está concebida como un himno para los estadios, desde los rasgueos iniciales. Cantada junto a Ed Sheeran, y Taras Topolia y su banda, Antytila, va ensanchando el sonido en cada estrofa, con esa guitarra de The Edge que parece hablar y eleva el alma junto al bajo de Adam Clayton y la vuelta de la batería, gracias a Dios, de Larry Mullen Jr. Esta canción, cantada a coro, nos dice que no nos durmamos —en la apatía—, sino que soñemos en despertar en libertad, porque no estamos solos: nos pertenecemos unos a otros eternamente. Se nos invita a la amistad y la fraternidad universal, siendo conscientes de que caminamos juntos, y de todo aquello que podemos compartir, desde la risa a la esperanza, desde la fe al canto, desde la belleza en medio del caos social a la gloria de un mundo que todavía no podemos ver. El último grito, «Volia», señala una libertad que no solo es horizonte, sino también sendero.


Gracias por tanto. Gracias por mostrar que solo se puede entrar en el Misterio si abrazamos la fraternidad que se hace camino de libertad universal. Si esto ha sido el EP, espero con gozosa impaciencia qué nos traerá el próximo LP…

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Málaga, España

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