“El olivo”. Icíar Bollaín, 2016.

15/03/2017

 

 

Intro. Es interesante comprobar, después de ver películas como la que nos ocupa, la asombrosa imbecilidad de la crítica cinematográfica de nuestro país, que ha acusado esta cinta de ser “de buen rollo” o “ bienintencionada”, como si eso fuera un mal. No quiero ni ver qué pensarán esos señores de “La vida es bella” o de “Qué bello es vivir”.

 

En fin: estamos ante una de esas películas que profundiza en la crisis que estamos viviendo en nuestro país, en el que se borra la memoria, se arrancan las raíces y se sustituyen por el nuevo diosecillo ante el que hemos hincado las rodillas: el dinero. Las consecuencias están claras, y así aparece en la familia protagonista: se rompen las relaciones, se abandona a los jóvenes y a los ancianos, se pierde cualquier horizonte en la existencia, la diversión se convierte en una condena, el día a día se va pudriendo… Pero hay una esperanza: recuperar las raíces. Ese será el fin del viaje que iniciarán nuestros personajes.

 

Lo que cuenta. Alma es una joven de 20 años. Su abuelo lleva mucho tiempo sin hablar. Ella lo adora: en realidad, es el único al que quiere dentro de su familia. Cuando el anciano se niega también a comer, la chica decide recuperar el olivo milenario que la familia vendió, en la época del “ladrillo”, contra su voluntad, y que fue el origen de su mudez. Su tío, una víctima de aquella crisis, y un amigo, Rafa, le ayudarán en su loca aventura: llegar hasta el centro de Europa y recuperar el árbol. El camino se convertirá en un viaje iniciático para todos los que comparten camión.

 

Los valores de esta película:

  • las consecuencias de la crisis de la construcción,

 

  • la desestructuración de la familia,

 

  • la pérdida de la memoria social y familiar,

 

  • la falta de raíces de nuestra sociedad actual,

 

  • el abandono de la juventud y de la ancianidad,

 

  • la desesperanza,

 

  • la relación entre el ser humano y la tierra,

 

  • la crisis ecológica, la maldad del neoliberalismo,

 

  • el sentido de la vida.

 

Una cinta de cine social, para pensar, muy simbólica, con una estructura lineal fácil de seguir, tipo “road-movie”, unos personajes entrañables, muy bien interpretados, y una idea fundamental: la desesperanza solo se puede abrir a horizontes nuevos cuando recupera las raíces de la propia existencia.

 

 

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