“Dios Blanco”. Kornél Mundruczó, 2014.

11/06/2017

 

 

Intro. Hay veces en que la ciencia-ficción se acerca tanto a la realidad que el resultado es tremendamente intranquilizador. Eso es lo que pasa con esta película húngara, que plantea al mismo tiempo un pequeño salto adelante en nuestros días, desde la realidad que podemos observar cada jornada, y una parábola sobre la galopante crisis del occidente europeo.

 

Todo ello desde la narración de ficción, filmado de manera lineal, sencilla y clara, y con una premisa dura: se acabó el idilio moderno entre el ser humano y el perro. Una cinta que cruza, de forma por momentos genial, Los Pájaros de Alfred Hitchcock, con Espartaco, de Stanley Kubrick. 

 

 

Lo que cuenta. En un futuro nada lejano, en Hungría, la cantidad de perros que habitan en las ciudades se ha hecho tan enorme que ya no hay capacidad de asumirlos. Por tanto, surge una nueva ley: los perros de raza tienen preferencia, y todo aquel que tenga un can cruzado tiene que pagar un impuesto grande. Las perreras se llenan con rapidez de perros abandonados, ya que la gente no puede asumir su coste.

 

Lili, de 13 años, lucha por proteger a su perro, Hagen, pero su padre lo suelta en la calle. Ella comienza a buscarlo, creyendo que la fidelidad de su mascota es mayor que cualquier dificultad. Hagen lucha por sobrevivir en una sociedad en la que el perro que no es de raza ha dejado de ser el mejor amigo del hombre: es entrenado como perro de peleas ilegales, luego se une a un grupo de perros callejeros, es capturado y acaba en la perrera.

 

Pero un buen día consigue escapar, junto a todos los perros que esperaban ser sacrificados con él, y se convierte en el líder de una revolución que solo pretende vengarse de la crueldad de los humanos.

 

 

Los valores. La película consigue llevar hasta el absurdo, de forma muy realista, la tendencia que observamos hoy: el perro se está convirtiendo en un sustituto de los hijos, de los amigos e incluso de las parejas. Pero, ¿qué pasaría si la situación se volviera tan insoportable que la propia sociedad decidiera crear “clases sociales” entre los perros, salvar a los “mejores” y eliminar a los demás? No es algo nuevo, claro: lo hemos vivido con los seres humanos en muchas épocas de la historia. 

 

  • Por tanto, precisamente esto es lo más interesante de la película: reflejar una tendencia innata en la humanidad, que ya hemos sufrido con los esclavos, con el mundo proletario o con el nazismo. Eliminar a quien “molesta” es algo propio del poder, pero siempre se vuelve en contra del propio poder.

 

  • También hay que ver esto desde el punto de vista del que debe ser eliminado, en este caso los perros “no puros”. La violencia engendra violencia, la injusticia engendra furia y venganza. Si el perro es solo un capricho en nuestra sociedad, y eso lleva a querer que se convierta en algo que no puede ser, el futuro llegará a lo que plantea la película. Es muy posible.

 

  • Por encima de todo, en la cinta hay un punto de esperanza en Lili, la dueña de Hagen. Ella quiere a su perro, lo quiere como perro, y cree que él, a pesar del cambio sufrido, no ha podido olvidarse de ella. La solución al problema planteado no se encuentra en la violencia. La solución siempre es la amistad y el amor, adaptados, por supuesto, a cada situación.

 

En definitiva, tenemos una película que en algunos momentos puede resultar cruda, incluso cruel, pero que nos plantea preguntas muy certeras respecto a los movimientos sociales y, sobre todo, respecto a uno de los síntomas más claros de la crisis de cambio de época que vivimos en occidente.

 

Plantear preguntas, crear dudas respecto a lo que estamos haciendo. Cine inteligente.

 

 

Please reload

Historias afines
Please reload