Molly, Nuncajamás y aquel pescadero malagueño

03/06/2016

(Aquí te puedes bajar el libro electrónico en formato .epub)

 

 

 

In Dublin's fair city, where the girls are so pretty
I first set my eyes on sweet Molly Malone
As she wheeled her wheelbarrow through streets broad and narrow
Crying cockles and mussels alive a-live O!

Molly Malone, canción tradicional de Dublín.
 

 

Érase que se era una vez en que, habiendo ya el Sol escondido su fogosa cara y brillando la Luna con su pálido rostro en mitad del cielo nocturno, una minúscula hada llegó, riendo, desde un país que viene a quedar, chispa más o menos, tirando por la segunda estrella a la derecha y después todo tieso hasta el amanecer, también llamado Nuncajamás, y fue a aterrizar en la cabeza de la estatua de Molly Malone, en pleno Dublín. Cogió su varita y, rápida como el rayo, tocó la escultura. Luego, en un Abracadabra, se esfumó.

 

Molly Malone abrió sus hermosos ojos oscuros y miró alrededor con curiosidad. Respiró profundamente, dejó el carro de pescado, levantó los brazos, se sacudió el vestido, se quitó unas cuantas cagadas de corneja de los hombros con cara de asco y saltó a la calle con un ruidoso ¡Clang!

 

Empezó a silbar su canción, aquella que habla de la hermosa ciudad de Dublín donde las mujeres son tan bellas, de los berberechos y mejillones que la buena de Molly llevaba en el carro y de las fiebres que se la llevaron, y, viendo que no había nadie alrededor, se puso a bailar como le dio la gana por toda la plaza.

 

De repente, una voz gritó a sus espaldas:

- ¡Zardinah, zarmoneteh, boqueroneh y shanqueteh! ¡Que loh llevo baratoh, niña!


 

Molly se volvió, sorprendida, y vio a un pescadero de bronce, como ella, con las manos llenas de callos, como ella, oliendo a pescado, como ella, y con los brazos en jarras. Como ella. Acarreaba dos cenachos. Ambos permanecieron en silencio un momento. Molly entonces dijo:


 

- Hello, man. You're not Irish, are you?

- Poh, no, mira tú -le contestó el pescadero-. Hace una mihílla htaba yo allí ande ziempre, al laor puerto, y llegó la cozilla eza brillante con alah y ¡Cagontó! Aquí htoy. En que, shiquilla, viéndote azín enfrente mía, no ha zío mala idea. Ehto… Ande htoy, guapa?

- You are in the best city all over the world: Dublin. But, colleague... cause I see you're a fishmonger too: can you speak English?

- I speak English of luxury, my dear, de luho, pero la hente que lea ehte cuento no zé yo. ¿Y tú zabe ablá mi idioma, guapetona?

- No del toudo, verdad es. Una ves, mucho tiempo haser, tuve un novio que hablaba mor or less como you. Venía con Armada Invensible el poor, pero fue tormenta incredible y se quedó here. Buena hente.

- Ya te digo. We are very good fandango people, shosho -dijo el pescadero, dando una broncínea palmada.

- Y de dónde where you vienes exactly?

- Ezastamente, y lo ziento zi en ehto no htamo dacuerdo, vengo de la mehó ciudá der mundo. Ze llama Málaga.

- Oh Málaga! That hombre era from Málaga too!

- Ya decía yo. ¿Tú no zerá Molly Malone? -preguntó, señalándola con el índice, el pescadero.

- Fransisco? -respondió, abriendo mucho los ojos, Molly.

- Mare mía del amor hermozo. ¡Cuánto tiempo, niña! ¿Cómo te va la vía? Ar finá tuve que vorvé, ya zabe tú, der tirón y ni te pude decí adióh ni ná. Y allí en Málaga ehtuve puteao to la vía, pero ze ve que le hice gracia a la hente o argo, porque m’han hecho un’ehtatua, en mitá del parque. Y a ti tan hecho otra aquí. Qué cozah, ¿no?

- Esto es incredible, man! -exclamó Molly, abriendo mucho los brazos- Cuánto te he miss you. Una jartá, really...

- Te voy a hacé una propozizión, morena. Decente, ¿ein?

- Menos mal, boy -respondió Molly, tocando a Francisco con el dedo índice en un hombro-. Porque I’m hasta el mussel de esos stupid niñatos que vienen todo santo día a tocarme tetas y haser fotos conmigo como si fuera vulgar bitch.

- Como vea arguno, le arreo un cenacherazo que no tiene pa otro: cagon lohmuerto derque te mire darribabaho. Enga, vente conmigo unoh diítah pa mi tierra. Te hablé en aquelloh entonceh de ella, pero ar finá no pudo zé. Lo mihmo la de la varita ha venío a dannoh otra oportunidá, pué zé, ¿verdá?

- I don’t know, pero todo es posible. Nunca pensé que verte podría one more time, Fransisco.

- Puedeh llamarme Cenachero. Enque Fransisco me da lo mihmo, zi me lo diceh de eza manera tan guapa, niña -tarareó con ritmo de verdial Francisco.

- Cosas tienes!

- Well, que le viásé. I'm from Málaga. ¡Ele!

- Ele! Let's go!

- ¡Enga palante!


 

Y así, Molly Malone y Francisco, el Cenachero, caminaron juntos por calles vacías, rumbo a Málaga, mientras todos los habitantes de Dublín alcanzaban el reino de los sueños.

 

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